Confesiones Debutantes


A-go-ta-do-ra. La vida de un pornstar puede llegar a merecer este calificativo. Probablemente, todos los que medianamente me conozcan así lo afirmen: soy un inconformista, un culo inquieto; pero son vitolas que uno lleva prendidas en su carácter y de las que cuesta trabajo desprenderse. Es como follar con calcetines, comprobar varias veces al día tu correo electrónico o mirar hacia atrás mientras esperas el ascensor de noche.

Dejando de lado mis manías inconfesables (que no merecen estar entre estas confesiones), he de reconocer que mi examen para divo del porno me resultó un tanto decepcionante. Y es que no entiendo qué necesidad hay de dárselas de mega manager y comerle la cabeza a una persona que está poniendo toda su ilusión en un proyecto. "Vas a trabajar con los más grandes". "De mi cámara al FICEB"... De verdad que no lo entiendo.

Tomé un taxi para llegar como un señor a la dirección que Richard me había facilitado, un chalet de dudoso gusto arquitectónico en las afueras de la ciudad. El corazón se me salía del pecho, estaba muy emocionado con la idea de "conocer" a Nancy Goldshine y de causar la mejor impresión al equipo. Carraspeé antes de llamar al timbre y, modulando la voz, saludé cortésmente al individuo que salió a recibirme. "Hola, soy Éufrates; bueno, Eustaquio". Mi "otro yo", por prescindir de voces latinas, estaba como loco por empezar a bombear; superadas las inseguridades de las madrugadas anteriores (sueños semejantes al relatado anteriormente me habían sobresaltado en los últimos días); y atado y cubierto con una manta San Miguel. Iba siguiendo al tipo por un pasillo, hasta llegar a un salón enorme, suntuoso y kitsch por partes iguales; Richard y parte del equipo degustaban unos finos "Gran Barquero" y unas puntitas de colombiana a modo de canapés. "¡Hola Éufrates, qué puntualidad!". (Como para llegar tarde... ¿Dónde coño estaba Nancy?). Hice uso del self service que habían instalado sobre la mesa de metacrilato escarlata, pero no quería pasarme por si eso de que los sueños a veces se hacen realidad llegara a suceder.

Justamente cuando empezaba a sentirme cómodo entre aquélla orgía nasal hizo su aparición Nanc... No, indudablemente ella no era Nancy Goldshine. Richard trató de excusarse ante mi cara de sorpresa: "Ella es Rocío. Verás, Nancy ha tenido que quedarse en California por la inauguración de su nueva página web y, claro, no iba a cruzarse el Atlántico y dejar a sus fans colgados por una simple prueba". (Ya...claro). "Encantada". Bueno, la verdad es que la tal Rocío tampoco estaba tan mal, debía ser bastante joven y hacía gala de una inocente mirada tras la que, seguro, se escondía un animal. Richard me explicó, íntimamente, que también estaban probando chicas y que, si todo salía bien y estábamos conformes, podrían colgar el "gonzo" en la página de la productora; con la consiguiente retribución. Yo le dije que por mí encantado.


La actriz era valenciana, de un pueblecito, según me contaba. Yo le seguía el juego, tratando de esconder mi desilusión. Un par de finos después nos intimaron a comenzar el rodaje. No sé de qué pueblo habría salido, pero una cosa puedo asegurar: allí le enseñaron a la perfección como tratar una polla; y es que las nuevas generaciones vienen comiéndose el mundo (disculpen el chiste). Al principio parecía bastante nerviosa, al menos más que un servidor, pero no hicieron falta más que un par de minutos para encontrarle, sin libro de instrucciones, el "on". Decir que era una fiera, o que tenía madera de profesional no sería justo, digamos que su trabajo la volvía loca. Me extrañó que el todopoderoso Richard dejase casi todo a la improvisación; pero más tarde me explicó que "ahora, en internet, la gente busca sexo amateur... ¡Y eso es lo que vamos a darles!" Yo no dije esta boca es mía. También me agradó que me dejaran sostener la videocámara; me trajo recuerdos de mis travesuras con Roberta. Y allí estábamos, probando distintas poses y orificios para intentar impresionar al respetable. En lenguaje taurino se podría haber calificado como una buena faena (si quieren, una buena corrida, y hacemos la gracia entera).

Visionando el resultado, técnicos y "artistas" quedamos bastante satisfechos. Richard me aseguró que, "aunque pareciera una jodienda", hasta que no firmara con él y tuviese mis análisis, iba a tener que encapucharme. "Perfecto", accedí yo. No entraba entre mis planes contraer ningún tipo de enfermedad venérea con actrices porno y pueblerinas farloperas, no señor.

Nos dejaron un tiempo para ducharnos y a continuación proseguimos con la cata de "chucherías varias", "chuches", como a mí me gusta llamarlas. Cuando llegué a mi apartamento a media tarde; sin planes y sin cuerpo para hacer cualquier otra cosa que no requiriese la más absoluta soledad, intuyendo que el vaivén de mi mandíbula podría escandalizar a más de uno, no tuve una ocurrencia mejor más que liberar al buen Santo y ponerme manos a la obra. A la mañana siguiente tomé conciencia de la guasa que debía llevar encima, porque casi me da un patatús al ver la sonrisa burlona y el parche pirata que me había entretenido en añadir a la imagen. Creo que este encargo lo terminaré con retraso.




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fotografías y video: The Girls Next Door

2 comentarios:

FuzzFan dijo...

Sr. Eufrates, muchas veces el producto local y menos 'profesional' da mejores cotas de satisfacción, garantizado.
Para cuando el gonzo?

Xung0 dijo...

Buen consejo Fuzzman!!

Como representante y biógrafo de Eustaquio/Éufrates sólo puedo asegurar que me mantiene al margen. Pero seguro que está apuntito.

Que tranquila está la página, deber que somos los únicos desgraciados que no salieron anoche?? No sé usted, pero yo pienso resarcirme hoy!!

 
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